Las cañitas rellenas son un postre gallego muy típico en la zona de O Carballiño. Un «pulpo a feira» y unas cañitas rellenas para fin de fiesta con un chupito de licor café es el maridaje ideal. El truco para hacer unas cañitas perfectas está en la masa, que tiene que ser bien finita y crujiente, casi como el hojaldre. Es importante también que no nos queden unas cañas con un agujero demasiado grande, para que no nos resulten empalagosas al poner tanta crema. Antiguamente, se formaban enrollando la masa en cañas de bambú, algo que me ha sido imposible encontrar, pero si he conseguido los canutillos perfectos.

cañitas fritas de carballiño

Os cuento la receta para hacer unas cañitas rellenas crujientes y bien sabrosas.

Y si nos sobra masa hacemos  unos lazos sin relleno que también está deliciosos

cañitas rellenas de crema pastelera lazos fritos

Ingredientes para hacer cañitas rellenas del carnaval gallego

  • 250 g de harina panadera
  • 2 claras de huevo
  • 60 ml de agua con anís
  • 25 g de manteca de vaca fundida
  • 60 ml de vino blanco
  • 25 g de azúcar
  • una pizca de sal
  • Abundante aceite de girasol para freír
  • Azúcar glasé para espolvorear por encima

Para el hojaldrado de la masa

  • 25 g de manteca de cerdo

Para la crema pastelera

  • 250 ml de leche
  • 20 g de maicena
  • Piel de limón
  • 2 yemas de huevo
  • 50 g azúcar

Elaboración de las cañitas rellenas gallegas

Ponemos los 250 g de harina en un bol y le añadimos el resto de los ingredientes; 2 claras de huevo, 25 g de manteca de vaca fundida, 60 ml de vino blanco, 25 g de azúcar y una pizca de sal. Lo mezclamos todo con las manos y la amasamos hasta que la masa esté lisa y se despegue de las manos y aunque la tendremos que notar un poco dura, si manejable. La tapamos y la dejamos reposar una media hora.

A continuación,  vamos a hacerle un hojaldrado, que es el secreto de estas cañitas, para que nos salgan crujientes y con una textura especial. Estiramos la masa en un rectángulo y extendemos la cucharada de manteca o grasa de cerdo por la superficie. Luego plegamos la masa como si estuviéramos haciendo hojaldre; doblamos un extremo hasta la mitad, y luego el otro lo superponemos encima de estos dos. Estiramos de nuevo la masa con un rodillo y volvemos a plegarla de la misma forma, aunque en esta ocasión no vamos a añadirle la grasa. Y le damos una tercera vuelta. Una vez hemos plegado la masa, la guardamos en la nevera, hasta el día siguiente. La masa en la nevera se nos conserva varios días.

A continuación vamos a hacer la crema pastelera con la que rellenaremos las cañitas una vez fritas. Disolvemos los 20 g de maicena en un poco de la leche fría y reservamos. Ponemos el resto de la leche en un cazo a calentar en el fuego con la cáscara de limón y lo dejamos que se caliente a fuego lento. Mientras mezclamos las dos yemas de huevo con los 50 g de azúcar. Una vez la leche está caliente, pero sin llegar a hervir, le echamos los huevos con el azúcar y la maicena disuelta en la leche. Removemos todo con las varillas y lo dejamos en el fuego. Cuando la crema está espesa y cocinada la retiramos del fuego y la tapamos a piel, es decir con un plástico pegado a la superficie para que al enfriar no se forme costra. Cuando está fría la metemos en una manga pastelera y la guardamos en la nevera, hasta el momento de rellenar las cañas.

Al día siguiente hacemos nuestras cañitas. Sacamos la masa de la nevera y la estiramos en un rectángulo. La masa será fácil de estirar, pero no se romperá pues es densa y no lleva lavadura, no es elástica.  La dejaremos fina, y a continuación cortamos tiras alargadas de un centímetro de ancho. El largo va a depender del grosor de los canutillos que uséis, pero como no nos quedarán perfectas, lo que nos sobre lo cortamos. Para que las tiras nos queden uniformes y rectas es conveniente utilizar una regla para marcarlas. Esto nos facilitará luego el enroscado en el canutillo y las cañitas nos quedarán más uniformes.

Una vez tenemos las tiras hechas, pincelamos los canutillos con un poco de aceite y vamos enroscando la masa alrededor. Cruzamos un poco de masa en un extremo y encima pasamos el resto, para que no se abran y se deshagan al freír. Vamos enroscando la masa procurando hacerlo de forma uniforme, hasta llegar al otro extremo. Procuramos que la masa se superponga un poco una capa sobre l.a otra, pero lo justo para cerrar la caña. Procuraremos que no sea mucho y que sea homogéneo a lo largo de la cañita. Quizás al principio cuesta, pero con la práctica nos saldrán perfectas. Las vamos colocando en la mesa y cuando están hechas ponemos aceite de girasol en una sartén y cuando esté caliente las freímos. Las vamos removiendo y cuando están doradas por ambos lados, las retiramos para una fuente forrada con papel absorbente.

Una vez las tenemos todas fritas, le sacamos el canutillo y esperamos a que se enfríen. Lo ideal es rellenarlas justo en el momento de servirlas, para evitar que con la crema pastelera se pongan blandas.

Una vez rellenas, las espolvoreamos con azúcar glasé o con azúcar granulado y las servimos.

tres cañitas rellenas

Se conservan sin rellenar en un recipiente hermético y otra opción es congelarlas y una vez descongeladas y antes de usar darle un golpe de horno, lo cual hará que recuperen su frescor y su aspecto crujiente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.